
Desde que se abrió el tema han desfilado frente a nuestros ojos cientos de declaraciones. Desde la izquierda hasta la derecha, la discusión sobre las reformas a la ley del DF sobre el tema del aborto ha generado un alud de opiniones.
Es, pues, tiempo propicio para manifestar la propia y tratar de darle a lectora o lector una visión más sobre este asunto.
Para empezar hay que dejar claro que nadie, ningún partido político ni persona, puede estar a favor del aborto. Ninguna mujer se embaraza con el simple objetivo de practicárselo, y nunca he escuchado a ningún participante de esta causa decir “qué bueno que haya abortos, por eso los queremos despenalizar”.
Mentira. Mentira que usa la derecha y la Iglesia católica en su perpetuo afán de inmiscuirse en la vida pública de este país. Bien vale la pena recordarle a don Norbertito Rivera que éste es, le guste o no, un Estado laico. Esto quiere decir que ninguna religión o código moral está por encima de ningún otro. El Estado laico busca el respeto a la fe de cada cual, manteniendo al Estado por fuera de ese código.
Esta mancuerna de la derecha, ignorante y pusilánime, con la jerarquía católica que supone que posee al país a través de su fe, ha decidido que es tiempo de ponerle un alto a este debate y a movilizarse en su contra.
Para su desgracia, las únicas herramientas con las que cuentan son su obstinación y su sentido de propiedad sobre nuestras conciencias. Y desde ahí se han dedicado a propagar las más atroces mentiras sobre este asunto.
La primera mentira ya fue develada. La segunda, tiene que ver con la ridícula idea de que en donde está despenalizado el aborto hay igual de muertes de mujeres por esta causa. ¿Perdón? Mire, no es con afán de dejarlos en ridículo, pero alguien debe decir esto. En Yucatán —Yucatán, México— existe una clínica para atender abortos y es legal. Es la única del país. ¿Sabe usted cuántas mujeres yucatecas han muerto por abortos mal practicados desde el 2000? Una.
Mientras que en el país muere una cada seis horas. Cuatro al día. Eso sin contar cuantas quedan estériles, o terminan con brutales infecciones, secuelas o daños diversos.
Eso, contrario a la lógica de don Norbertito, no es un castigo divino, es producto de la clandestinidad, de las condiciones miserables en las que la vasta mayoría de las clínicas realizan legrados.
Pero estos grupos prefieren aventar misteriosas informaciones de universidades de derecha que “comprueban” que ellos tienen razón.
Las preguntas que me saltan a la mente son obvias, pero dramáticas. ¿La Iglesia y sus secuaces, como el demostrado corrupto de Jorge Serrano Limón de ProVida, nos están planteando que es mejor que las mujeres mueran en la ilegalidad? ¿Nos están sugiriendo que no se use ni se promueva el condón, ni la píldora del día siguiente, y que, además no se permita el aborto? Esto demuestra que la derecha es, para su eterna desgracia, conservadora y tiene los ojos clavados en el pasado.
Veamos esto con frialdad. La que se pueda. Medio millón de mujeres se practican abortos al año. De las cuales por lo menos mil trescientas mueren. Creo que es evidente que este tema tiene que ser, por definición, un tema de acción pública. Es decir alguien tiene que hacer algo al respecto puesto que, sin lugar a dudas, yo no tolero que por asuntos de moral impuesta, miles de mujeres fallezcan.
Pero esto no es únicamente un asunto de salud pública y de las demencias de las derechas. Esto tiene que ver con reconocer en las mujeres a sujetos de derechos plenos.
Las mujeres deben tener la posibilidad de decidir sobre su vida. En efecto, los varones no tenemos bronca con este tema, no es posible que nos embaracemos, pero si embarazamos, como hacen muchos, siempre podemos “negar” la paternidad. Pero las mujeres terminan atrapadas por su historia. Atrapadas por un destino que se les impuso. Se les condicionó porque no tenían de otra. Porque si deciden otra cosa el cardenal las acusa de asesinas y el Estado las pone en prisión.
No. Punto final. Nunca más.
Perdóneme usted pero yo quiero una sociedad en la que las mujeres sean verdaderas dueñas de su destino. El término madre soltera existe por que nosotros, los hombres, no nos hacemos cargo de nuestras responsabilidades. Pero eso sí, exigimos, como la Iglesia y los panistas del siglo pasado, que las mujeres carguen por completo con las “regadas de tepache” de ambos.
Es tiempo que seamos capaces, como sociedad, de lograr dos cosas elementales.
1.- Reconocer que cuando hay un problema de salud pública, se debe atender y resolver. No meter bajo el tapete o peor aún bajo la sotana.
2.- Que reconozcamos a las mujeres como dueñas únicas no sólo de su cuerpo sino también de su destino.
Si hacemos eso le garantizo que verá en el aumento de causales para abortos permitidos, no una imposición de los “izquierdosos” sino un paso inequívoco hacia una mejor sociedad.
Espero que la ley se apruebe y se apruebe pronto.


