mayo 20, 2012

Temas olvidados


En este proceso electoral hemos escuchado mucho sobre pocos temas y poco o nada sobre asuntos relevantes para la vida de nuestra sociedad.
Todos los candidatos han delineado con mayor o menor talento su programa de crecimiento económico y de generación de empleos. Curiosamente ayer la candidata panista, Josefina Vázquez Mota hizo una defensa sólida y clara del estado que guarda la economía nacional: no estamos mal. Sin embargo la percepción generada por el proceso político es completamente distinta. 
En el tema de la seguridad y la violencia descomunal que hemos visto, todos se acercan a las mismas ideas. Aquí hay poco que proponer y los candidatos, con algunos matices en derechos humanos y encuadre estratégico, terminan por reconocer que seguirán la misma estrategia que el actual gobierno. Y tienen razón, en este punto no hay inflexión posible, solo dirección y fuerza. 
Frente a casos como la batalla por Sinaloa y el recrudecimiento de la violencia en Nuevo León, para diciembre que asuma el nuevo presidente, el camino no habrá de variar: profesionalización de federales, operativos militares para reforzar a fuerzas locales y purgas transversales en las instituciones de seguridad.
Así podemos ir desgranando los temas y los ruidos. Mucho ruido sobre promesas cumplidas o no, mucho ruido sobre ser o no diferente, mucho ruido sobre la potencia o no de la juventud. Pero pocos temas.
Entre todo este ruido hay  algunos silencios que son más graves o preocupantes que otros, y estos silencios se debiesen de romper para dar paso a dilucidar si hay grandes distancias entre los propios candidatos.
Un tema que no ha relucido en el debate nacional es el de la vida internacional y la agenda nacional frente al mundo. ¿Qué tipo de papel queremos jugar? ¿Cómo recuperamos un lugar en el concierto latinoamericano? ¿Qué potencia y perfil se le dará a la cancillería?
Es relevante porque en unas semanas se realizará en México la reunión de los veinte países más importantes del mundo. El famoso G20. Los Cabos serán escenario de una de las cumbres en las que se discute el mundo, su agenda y se avanzan alianzas estratégicas para atender las grandes preocupaciones globales. 
Se discutirá la crisis económica mundial y en particular la europea, se revisarán acciones colectivas e individuales, los mandatarios se reunirán entre ellos para revisar las relaciones y los temas entre todos los países. Es un momento de enorme importancia global y no tenemos idea de que opinan los candidatos de estos sucesos, o como se asumen frente a las incertidumbres de la globalización.
No sabemos qué les parece más importante si la relación con estados Unidos o con Sudamérica, no sabemos qué opinan de la posición económica de nuestro país en el mundo, ni las prioridades frente los debates globales. No sabemos qué tipo de política internacional querrán impulsar y que estrategias utilizarán para estrechar lazos con otras naciones.
Y es importante este debate porque si algo es cierto es que nuestro país enfrenta una crisis de imagen, la violencia y sus estragos son un tema abordado recurrentemente en noticieros extranjeros y no siempre con una visión equilibrada, más viene estridente. Y nuestra realidad no ayuda, su estridencia es evidente, es cegadora.
Los 49 cadáveres mutilados que aparecieron en Cadereyta son el tipo de noticia que nos construye una reputación, que instala ideas sobre qué es México.
Esto hace aun más crítico que nuestra clase política tenga este tema olvidado. Porque los medios y mecanismos para enderezar la imagen país deben ser puestos sobre la mesa del debate y no sólo pensar en que nuestra solución se dará sola. 
Quitarle a México los tonos de la guerra contra las bandas criminales, se logra con una visión integral del país que somos y del país que queremos ser, y esa definición está ausente de las elecciones, de las campañas.
Me gustaría oír, conocer y entender qué tipo de políticas públicas, estrategias políticas y mecanismos de comercialización sugieren los contendientes para remontar nuestro lugar y asegurar que tanto el turismo como la inversión no nos consideren un lugar poco seguro o disfuncional.
Hoy sabemos todo lo que hace el gobierno federal en este sentido, conocemos la política internacional del presidente Calderón y sabemos que dedicó gran parte del sexenio a recuperar las relacione deterioradas por un foxismo irrespetuoso y beligerante. Sabemos que ProMéxico avanza con campañas de posicionamiento frente a la realidad para dar información precisa a los públicos objetivos de la verdadera magnitud de la inseguridad, y su sectorización. 
Ojala los candidatos recuperen la memoria y hablen de este y otros temas olvidados.


@lucianopascoe

mayo 13, 2012

La última sobre el debate y nos vamos

A Carla, en su primer año de fabulosa maternidad


Francamente el debate ya ha sido suficientemente discutido y analizado, sé que ya todo mundo dio sus múltiples veredictos, que van desde el triunfo de todos los candidatos hasta la derrota de todos.
Sin embargo hay cuatro ideas que me parecen centrales para cerrar ese tema y seguir a otro cosa en nuestra vida pública, la distribución de los temas corresponde a Estrategia Total, que ha lanzado un exquisito sitio de información política y electoral y que se encuentra en www.estrategia2012.com, muy recomendable para acceder a toda la información relevante de nuestra vida pública.
Cuando no perder es ganar. La gran duda quedo resuelta: Peña Nieto encaró a sus críticos, respondió, dio argumentos, esgrimió sus posturas y, más allá de ciertos deslices la conclusión es clara: no cometió errores y salió medianamente intacto.
El puntero no sólo respondió los ataques de Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, también se mantuvo en la disciplina del “compromiso” e hizo acusaciones a ambos que siguen en la agenda de análisis mediático de la semana. Es decir los tocó, e impuso la agenda de temas que hoy por hoy sus adversarios siguen contestando, rebatiendo y comprobando. Al no perder, ganó tiempo valioso hacia el día de la jornada electoral.
Un segundo lugar indefinido. Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador dedicaron toda su atención a Peña Nieto y nunca se contrastaron mutuamente. El resultado: algunos ataques bien articulados al puntero, pero poca claridad sobre lo que implicaba la “diferencia” de Vázquez Mota, y el “cambio verdadero” de López Obrador.
Ambos terminaron como empezaron, con una notable confusión sobre quién es el segundo lugar. Y esto no es menor frente a los pocos días de campaña que restan, ante la falta de definición sobre el segundo lugar, el voto útil anti priista está aún a la espera para tomar una decisión de por quién irán a votar el primero de julio, y no queda claro si tendrán tiempo alguno de estos candidatos en lograr un consenso competitivo frente al PRI.
Un Presidente intocado. La vasta mayoría del tiempo dedicado estuvo concentrado en los ataques y respuestas del puntero, el gobierno federal y el presidente Calderón, pasaron inadvertidos en todo el proceso de debate. No existieron pronunciamientos de fondo sobre los temas más controversiales, en particular, la estrategia de seguridad, y los indicadores de pobreza y crecimiento económico.
Vázquez Mota no tomó una decisión clara para potenciar la bandera de la continuidad o de la diferencia con la administración actual, dejando pasar la sensación de que la situación económica del país es mala o al menos peor en percepción que en realidad. Esta es una omisión discursiva para los candidatos de oposición, pero también para la candidata panista.
Una sorpresa con consecuencias. Para Quadri este fue su momento de despegue político. El debate le permitió ser el distinto, le dio las herramientas para colocarse como el estadista, el que conocedor, el que tiene propuestas. El que sí se atreve a decir lo que opina.
En un escenario de riesgo cero, el candidato de Nueva Alianza se configuró como una alternativa real para todas aquellas personas que no quieren votar por los partidos tradicionales, o los candidatos tradicionales. Pero además, para el malestar de sus adversarios políticos, Nueva Alianza demostró que su estrategia de ruptura con el PRI y de construcción de una cuarta vía, ha sido por demás redituable, y que además de su capacidad de movilización han logrado conectar con una población amplia.


Mancera, imbatible. 
Ya todos hemos visto las encuestas del Distrito Federal que documentan un crecimiento incesante del candidato del PRD, Miguel Ángel Mancera y un estancamiento del PRI y del PAN. Curiosamente es Acción Nacional quien está en un lejanísimo tercer lugar y esto pone en riesgo varias de sus posiciones en la Asamblea Legislativa y delegaciones. Gran lección para un partido que era segunda fuerza y ahora se desdibuja ante liderazgos poco representativos y sin congruencia política ni estructural. El PAN nunca logró demostrar su viabilidad para ser alternativa de gobierno en la ciudad.
Lo que sí parece que podría afectar a Mancera es la pobrísima campaña de medios que tiene desplegada. Anuncios mal producidos, con audio cantinero y mensajes de consulta en lugar de propuestas de solución, se antojan desfasados para un candidato que debiese de estar, ya, delineando su gobierno y sus acciones.


Twitter: @lucianopascoe

Violencia hacia la verdad


Cuando se ocupa un lugar en una lista en la que se comparten honores con Irak, Somalia, Filipinas, Sri Lanka, Colombia, Nepal, Afganistán, Rusia y Pakistán, puede calcular que el índice medido no será halagüeño.
Y así es. Estos son los países con mayor índice de periodistas asesinados en la impunidad. Nosotros ocupamos el octavo sitio, entre Afganistán y Rusia.
Trágicamente nuestro país ha ido ocupando cada vez más un lugar relevante entre esas naciones en las cuales ser periodista implica correr riesgos importantes. Este es un tema clásicamente politizado para cuestionar a gobiernos, señalando que ellos son responsables de la violencia o que ellos son ineficientes para proteger a los reporteros en sus labores.
Esto es cierto pero también debemos de ser capaces de ver el otro lado de la moneda: somos una sociedad que ningunea y menosprecia el valor de la verdad. No nos gusta que se revelen cosas de nuestra historia. Preferimos que no se toquen temas, porque las verdades que se entrañan nos duelen o molestan. Es más, preferimos decir que sí a peticiones que en el fondo no queremos realizar.
Somos una sociedad que tiene dificultades encarando la verdad, y eso no es exclusivo de los gobiernos o de sus funcionarios. Preferimos callar al historiador que nos revela que el padre de la patria tuvo dos hijos, siendo cura, que entrar en un proceso de desmitificación de nuestro pasado. O que los niños héroes no jugaron en realidad un papel más heroico que defenderse hasta la muerte, sin los añadidos elementos de color como envolverse en una bandera y lanzarse al vacío —siempre he sospechado que atrás de esa historia hay un resbalón o tropezón que explica una caída con una bandera.
Por esta tenue fobia a la verdad es que creo que nos explicamos una posición arisca, desconfiada o titubeante hacia los que, por profesión, se dedican a buscar la verdad y luego a exhibirla. Este hábito creo que se manifiesta con poca pasión, pero de forma transversal en nuestra sociedad. Los burócratas huyen al ver una cámara de video, los vecinos no le abren al reportero que indaga un asesinato en la colonia, los padres deciden no hacer público un abuso de autoridad. Los políticos mandan sendas cartas aclaratorias a sus propios dichos.
No, ser periodista en México no es fácil. Implica que deben enfrentar resistencias, mentiras, tensiones y a veces agresiones. A veces la muerte.
Y este sí un asunto importante, relevante, crítico. Es un asunto que está en crecimiento, los criminales organizados han decidido que abatirán las voces de aquéllos que descubran o develen temas que para ellos son delicados. Han decidido que con balas callarán las voces. Y no hay un periodista en zonas de alto riesgo que no viva jugando con el equilibrio de reportar y no exponerse en extremo.
Yo no soy de aquéllos que creen que todos los periodistas asesinados lo son por su profesión, pero muchos sí. Al final con que exista uno solo, es suficiente. Hay que recuperar el valor del periodismo, del reportero, de la profesión que nos ayuda siempre a entender un poco más nuestro mundo.
Hay que aquilatar las noches que se pierden de sus camas, persiguiendo una historia relevante, desenmascarando la vileza del mundo, documentando atrocidades de gobiernos, o el dolor humano.
No podemos permitir que un estado de terror se instale y limite, merme la posibilidad de que el periodismo libre exista en nuestro país. Que buscar la verdad se remplace por el miedo a encontrarla, que el terror a ejercer con talento y eficiente, y ética el periodismo sea motivo de temor o peor aún, de muerte.
Que estemos en este escandaloso lugar significa que hemos fallado como sociedad, no sólo como gobierno, para cuidar a los reporteros. Que hemos sido indiferentes e indolentes ante la histórica dificultad de lograr erradicar la violencia hacia la honestidad.
No dejemos que este mundo de ataque a las historias se haga realidad. Abatamos la violencia hacia la verdad, desde nuestras propias casas, desde nuestras propias vidas, desde nuestras propias conciencias.
Twitter: @lucianopascoe

Votando por el enemigo


El cansancio y hartazgo que una parte importante de la sociedad siente hacia la clase política, las campañas y el ejercicio de gobierno en general, hace que el debate alrededor del voto nulo o en blanco se reavive y tome nuevos bríos.
El tema está tan vigente que el propio Instituto Federal Electoral hizo un anuncio en el que intenta estimular el voto y además abatir la apatía ciudadana. El spot no es particularmente genial, sobre todo porque no coloca el verdadero dilema en el que la gente está: no les cae nadie lo suficientemente bien para votar por ellos.
Recurrentemente oímos a gente en nuestros eventos sociales o familiares decir que no hay a quién irle y que una parte de nuestra sociedad está entre no votar o anular su voto.
Para mí este tema amerita una reflexión sobre el lugar en el que está nuestra democracia y las exigencias que le hacemos a la misma. Pareciera que desde el año 2000, con la alternancia en la Presidencia de la República, suponíamos que el país cambiaría solo y de golpe, que la democracia y la alternancia en sí mismas eran la solución.
Hoy estamos frente a la realidad: la democracia es sólo una herramienta para ir logrando construir entre todos un tipo de país, un orden social y político con el que podamos implementar cambios y corregir errores. Hoy sabemos que la alternancia por sí misma no alcanza, y que los gobiernos enfrentan dificultades tan extensas que ‘resolver’ todo de un plumazo es una lejana fantasía.
Y es precisamente en ese aprendizaje que muchos se sienten decepcionados por los partidos, los políticos y nuestro sistema electoral. La tentación inmediata es ir a protestar en la urna tachando toda la boleta, en un acto de rebelión y queja.
Si bien es entendible este sentimiento, esta acción no es más que una forma absurda de anularnos del proceso colectivo que nos hemos dado para transformar México.
El voto en blanco o anulado tiene una trágica pero real característica: no cuenta. Literal, no filosóficamente. Los votos anulados son sacados de la votación válida emitida. Esto es que de 100 votos emitidos, si 10 son nulos, la votación sobre la cual se distribuyen diputados o se definen presidentes son los 90 votos válidos.
Para cualquier efecto aritmético anular el voto es lo mismo que votar por el que te parezca la peor opción electoral. Es votar por tu enemigo, por ese partido que menos te agrada.
Así que, ¿qué hacer? En mi opinión, sí hay una salida para aquéllos que no se sienten identificados con ninguno de los proyectos políticos, pero que al mismo tiempo no tienen ganas de ser unos dogmáticos irredentos con el facilísimo lugar de la protesta vacía: el voto sofisticado.
El valor máximo de nuestra democracia es que ya no hay dueños únicos del quehacer político. Hoy hay fuerzas, pesos y contrapesos en todas las decisiones del espectro ejecutivo y legislativo.
Esta pluralidad de la vida pública hace que nadie pueda imponer por completo su visión de las cosas, ni acabar con la libertad de opinar y mantiene vivo el pensamiento crítico. Aunque a veces vemos con ojos fastidiados los debates en el congreso, la realidad es que esos debates impiden que unos u otros se queden con todo.
Pero para mantener la pluralidad de nuestra sociedad y la riqueza que de ella emana, necesitamos tener votantes y ciudadanos sofisticados, que en vez de ver en el voto un acto visceral o disciplinado, lo vean como una herramienta para distribuir el poder, para equilibrarlo.
El voto sofisticado hace que definamos, en la reflexión solitaria o colectiva, a quién le daremos el beneplácito presidencial y bajo que ponderaciones: continuidad, alternancia hacia el priismo o alternancia hacia el lopezobradorismo, o apuesta por nuevos proyectos como Quadri. Y desde esta postura desencadenar los demás votos por acomodo estratégico.
Esto implica darle el voto a diputados federales, a la fuerza que creemos representa posiciones críticas a nuestro voto presidencial, mientras que al senado podríamos votar por las fuerzas que vemos que aportan más en el debate federal.
Esta sofisticación del voto nos hace ciudadanos que tenemos que informarnos más y mejor, además de que añade un sentido estratégico a nuestros votos. Se diluyen las posiciones que suenan cómodas y toman forma ideas sobre cómo sí y cómo no se debe dirigir al país en sus diversos ámbitos.
No votemos este 1 de julio por nuestros enemigos, hagámoslo por la combinación que, en nuestra opinión, mejor representa la pluralidad y fuerza de México. Sofistiquemos nuestro voto.
Twitter: @lucianopascoe

El valor de lo subjetivo


Después del arranque de campañas, todos los equipos políticos se preparan para meter segunda velocidad. A partir del lunes se acabó la etapa mansa de presentación de los candidatos presidenciales y entramos a la etapa del contraste, de las diferencias, de los ataques, de los debates, de los ajustes de los spots, de las impugnaciones.
Son ya quince días los que han transcurrido de campaña y las señales de lo que sigue se van volviendo más claras. La contienda electoral saldrá de la Semana Santa y entrara, cual montaña rusa, a la parte vertiginosa, complicada y de mayor riesgo para los contendientes.
Entramos al momento en el que los errores cuestan más que nunca y los aciertos menos que siempre. Este es el tiempo en el que la declaración más descontextualizada, el tartamudeo y el mareo se vuelven, aún, más públicos, relevantes y contundentes.
Y sin embargo los aciertos, las propuestas de fondo, las ideas sofisticadas, se diluirán en un mar de lemas, frases y candidaturas de ‘tierra’ como se le llama. Los medios vivirán buscando noticias, escándalo, grabaciones y videos. Tratando de ser la pieza que cambia todo.
En este momento la mayoría de las encuestas señalan que existe un 20 por ciento de indecisos, de votantes que no han tomado una decisión final sobre cómo y por quién votarán. Según estimaciones este porcentaje significaría más de 10 millones de personas que, más allá de sus afinidades partidistas, están por decidir cómo votar.
Y es altamente probable que usted sea uno de ellos. Una persona que no está convencida de cómo votar y quiere esperar un poco más a ver qué persona le resulta más útil a su imagen de país –o menos mala.
Pero si, como decíamos, viene la peor etapa del proceso electoral, en el que veremos más golpes y menos ideas, ¿cómo hará la ciudadanía, la gente, usted, para tomar decisiones en un ambiente así de revuelto? ¿En qué hay que poner atención como elector y en qué no?
La realidad es que el próximo mes y medio el número de indecisos se reducirá dramáticamente, pasará de 20 por ciento a menos de 8 (al menos así es como ha sucedido tradicionalmente en nuestro país). Estaremos confirmando gustos o disgustos políticos en la etapa más tensa y densa de la campaña.
A partir de este momento veremos críticas abiertas y directas contra Enrique Peña Nieto, sus adversarios estarán tratando de consolidar un voto anti priista, un voto del recuerdo de los años en los que un solo partido mandaba.
Recuerdo que la mayoría de los votantes jóvenes no tiene horizonte y por ende será una campaña para grandes, para adultos mayores. Seguramente Peña y el PRI no se quedarán mirando a sus detractores atacarlos y tendrán cosas qué decir de los 12 años panistas y en particular del último sexenio. López Obrador sin duda se subirá tarde o temprano al camión de la crítica a ambas partes. De Gabriel Quadri yo no esperaría una dura campaña negra, pero sí una de distinciones permanente de los otros competidores. Su éxito radica en ser distinto.
Veremos también la disciplina táctica o su ausencia. Esta disciplina es lo que hace de un candidato, un ganador. Mantenerse en la ruta, no moverse con los vaivenes de una campaña, resistir la ansiedad de dar golpes de timón, es una virtud y demuestra talante y talento.
En particular será interesante ver como cada uno encara los ataques y enfrenta a sus detractores, ver si logran mantener la calma sin volverse un objetivo estático.
Al final lo más importante en este siguiente mes, es conocer a nuestros candidatos bajo presión de la campaña. Ver cómo enfrentan los cuestionamientos, cómo manejan la presión de ir abajo o arriba, cómo encaran los malos tiempos y cómo aprovechan los buenos vientos.
No tendremos mucho contenido para decidir sobre ideas, pero sí muchas señales del sustento emocional y personal de cada candidato. Veremos a la verdadera Josefina al tratar de remontar, a López Obrador mantenerse amoroso o subirse al ring de las descalificaciones, a Enrique Peña aguantar la presión de puntero y a Quadri tratar de adquirir mayor relevancia.


Éste es el momento de lo subjetivo.


@lucianopascoe