julio 10, 2006

Los culpables

Distintas figuras del Partido de la Revolución Democrática han impuesto el criterio de no reconocer ganador alguno hasta que el Tribunal Electoral no resuelva sobre las impugnaciones que, avisan, este partido interpondrá en el tiempo previsto. Me parece muy bien, el TEPJF es la instancia que dice la última palabra respecto de la elección presidencial, tras haber resuelto sobre las eventuales inconformidades de los competidores.
Es justo, pues, que no demos por concluido el proceso electoral. Sin embargo, esto no ha impedido al PRD hacer afirmaciones contradictorias con esta exigencia. Adelantándose a la resolución jurídica de la elección, militantes y dirigentes del PRD ya buscan culpables de la derrota de su candidato. Me refiero a los gobernadores de Zacatecas y Michoacán, por un lado, y al partido Alternativa, por el otro. A los dos primeros se les reprocha no haber obtenido una votación suficiente en sus respectivos estados. Este reclamo no me queda claro. Hasta donde entiendo, Amalia García y Lázaro Cárdenas no compitieron por ningún puesto. La acusación, pues, sólo tiene sentido si relativizamos un poco el apego a la legalidad: para echarle en cara a los gobernadores los resultados electorales en sus estados, tenemos que suponer que es su deber intervenir en el proceso electoral para garantizar una votación determinada.
El argumento contra Alternativa. Si Patricia Mercado no se hubiera presentado, dicen, AMLO habría ganado las elecciones. El problema con esta idea es que se apela a una identidad de la izquierda que, en realidad, no existe. “Izquierda” es un término abstracto en el que caben diversas posturas y visiones, y Alternativa existe como partido porque considera que temas relevantes de la izquierda han sido descuidados o pospuestos por el PRD. Este partido, cada vez más enfocado en un enfoque paternalista de la sociedad, no ha prestado atención a los problemas reales del país en el contexto de la globalización ni se preocupa por los aspectos centrales del programa de Alternativa como la libertad de elección, los derechos de la mujer sobre su cuerpo y a la equidad, y el valor creativo de la diversidad. Sólo una concepción monista de la política cree que las posturas distintas deben someterse pragmáticamente a la opción “ganadora”, así sea renunciando a someter al electorado propuestas desdeñadas por esta opción. Donde la izquierda entiende el valor de la diferencia, la sociedad se beneficia y los partidos aprenden a mejorar sus plataformas. En España, el PSOE no señala con dedo acusador a Izquierda Unida cada vez que tiene un traspié electoral.
Alternativa no tiene la culpa de los errores estratégicos del PRD. Tampoco de sus omisiones programáticas. Si el PRD le da la espalda a los temas que le preocupan a un sector del electorado porque teme perder votos, no debe extrañarle que este sector busque entre las opciones disponibles. En realidad, a mí no me queda tan claro que, en ausencia de Patricia Mercado, estos electores se habrían volcado a apoyar una propuesta que, en muchos aspectos, pertenece a otros tiempos.

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